¿Solidaridad o Altruismo? Dilema Resuelto
Disponer voluntariamente, es decir por decisión propia, de nuestro tiempo personal e individual para ayudar a los demás, puede ser siempre gratificante.
Sin embargo, en la Fundación Mexicana para Mejorar la Calidad de Vida Rural A. C., además de esta gran verdad consideramos que una vez que hemos tomado la decisión de dedicarnos a nuestra labor, su recompensa por el tiempo completo que le dedicamos a realizarla, también merece ser remunerada.
Nuestra labor al fin y al cabo, es una actividad en la que todos y cada uno de los participantes en su proceso, debemos trabajar de manera concentrada y consciente para mejorar la calidad de vida no solo de las personas que estamos ayudando, sino también la de nosotros mismos.
Tanto nuestras familias, como nuestras comunidades y nuestro país en su conjunto, merecemos de una u otra forma, ser recompensados por lo que hacemos por nosotros mismos y por los demás a nuestro alrededor y en gran medida, esa recompensa depende del esfuerzo, el talento, las habilidades, la experiencia, los conocimientos y el tiempo que le agreguemos al desarrollo de cualquier actividad encaminada a lograr nuestro propósito de todos y cada uno de nosotros los mexicanos, por ser y vivir mejor día con día, de manera gradual y sostenida.
Todo aquello que enfoquemos conscientemente al desarrollo de nuestras tareas, sean estas de carácter personal o solidario, por insignificantes o trascendentes que éstas resulten, merecen ser recompensadas a cambio de su ejecución.
Todo ello, tiene un precio y un valor que, por llevarlo a cabo, al igual que cualquier otro trabajo, tiene que ser por fuerza devengado de manera económica de tal suerte que a todos se nos permita la oportunidad de aportar lo necesario en nuestros hogares para también ir mejorando gradualmente, de manera justa y digna, nuestra propia calidad de vida.
"Si quieres que una persona como un día, dale un pescado; si quieres que coma toda la vida, enséñale a pescar, pero si lo que deseas realmente es que coma contigo o lo mismo que tu, salgan juntos a pescar"
Todo esto merece una explicación acerca de nuestro propio concepto de altruismo y de solidaridad.
Cada uno de estos conceptos suelen converger en uno solo: la cooperación entre iguales y desiguales, siendo todos uno mismo, sin desequilibrios ni injusticias, armonizando lo mejor que se pueda, nuestra diaria convivencia.
ALTRUISMO Y SOLIDARIDAD
ACTITUD DE SERVICIO. El Diccionario de la Real Academia define altruismo corno «esmero y complacencia en el bien ajeno, aun a costa del propio, y por motivos puramente humanos».
En definitiva, el altruismo es una actitud de servicio aceptada y querida de buen grado.
El altruismo y la solidaridad tienen una dimensión claramente humana y de servicio a la sociedad que se pone a prueba si para prestar ayuda a los demás tenemos que renunciar a beneficios propios, inmediatos y significativos.
Al hojear las páginas de la Historia, descubriremos que los grandes logros de la Humanidad en las áreas el saber, del bien común y de los grandes objetivos sociales, se debieron a hombres que consagraron su vida a los demás, olvidando en buena medida su comodidad y hasta sus intereses inmediatos.
Pocas veces el hombre es más feliz que cuando dedica su vida a los otros en complacida actitud de servicio y de solidaridad.
Hemos de saber presentar el altruismo a nuestros educandos como «valor» y como meta digna de todo esfuerzo, orientándoles a estar abiertos a la generosidad.
Enseñar a nuestros hijos a ser solidarios es capacitarles para la alegría, para la verdadera libertad y para el amor.
Es tarea del educador ayudar al inmaduro a descubrir caminos de entrega a los demás, contrarrestando así el ejemplo constante de unos contravalores que empujan a la servidumbre del egoísmo, de la avaricia, de la ambición, del poder y del desenfreno de las pasiones.
Hacer la vida más agradable a los demás, procurar la felicidad de los otros, no suele ser «santo de devoción», por desgracia, para la mayoría de los mortales. Atacar al contrario, fastidiarle, destacar sus defectos e ignorar sus virtudes, traicionarle, levantar falsos testimonios, etcétera, son los modelos vivos más frecuentes que se presentan hoy día a nuestros adolescentes y jóvenes.
De ahí la trascendental importancia de una educación para la solidaridad y el altruismo desde el hogar v desde la escuela.
LA EDUCACION PARA LA COMPETITIVIDAD ES UN CONTRAVALOR IMPERANTE, NO EXENTO DE VIOLENCIA
El sistema educativo en nuestro país es claramente selectivo, competitivo y discriminatorio.
El niño experimenta en su propia carne el «espíritu bélico» y, la violencia desde los primeros años.
Estudiar y aprender no es algo interesante, divertido y enriquecedor... ¡estudiar es competir!
Quien logra las marcas, sigue adelante y es valorado y, tenido en cuenta; quien tiene problemas, es eliminado.
Se estudia por las notas, se castiga por las notas, se selecciona por las notas, y se elimina y discrimina por las notas.
El niño, el adolescente y, el joven comprueban, día a día, que no se le valora por ser bueno, generoso, simpático, desprendido, servicial..., únicamente importan los resultados escolares, las notas.
El mensaje que recibe desde todos los ángulos es claro: «Hay que destacar, vencer, ser los primeros, ¡triunfar!
La vida es lucha y quienes te rodean son adversarios a batir.
No importan los medios que utilices si al final PUEDES SER (O ESTAR) rico, famoso Y poderoso.»
Estamos educando para la insolidaridad con esta fiebre competitiva que nos lleva a considerar al otro como enemigo, al menos en potencia, ya que nos puede disputar y hasta arrebatar aquello a lo que aspiramos.
Es claro que se impone una revisión seria y en profundidad del sistema educativo imperante.
La educación para la competitividad ha de ser sustituida por una educación para la solidaridad y el altruismo.
El reto personal consigo mismo para el logro de una formación integral debe desbancar a la competitividad generalizada que nos invade y condiciona desde todos los sectores de la sociedad, conduciéndonos desde niños a un depauperante y feroz individualismo.
Hemos sido creados para amar, ser amados, compartir y contribuir al bien común.
Ese debe ser nuestro oficio de hombres si no queremos ver nuestra vida vacía de contenido.
Sólo es posible aspirar a la verdadera felicidad, que es la que emana de amor y de la paz con uno mismo, sintiendo la dicha y la felicidad de los demás como propia.
La senda sin destino del desasosiego por el poder, el placer, el dinero, la fama, el consumo, etcétera, sólo nos conducirá a nuestra propia destrucción, ya que, al prescindir en nuestras vidas de la generosidad, la solidaridad y, el altruismo, estamos matando el amor y sin amor quedamos reducidos a la nada.
LA SOLIDARIDAD COMO ALTERNATIVA.
El altruismo y la solidaridad se alzan como única alternativa válida capaz de contrarrestar los hábitos de la competitividad, que conducen, de manera segura, a un egoísmo e individualismo exacerbados.
La solidaridad, que se define como «determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común», como dijo Juan Pablo II, no se trata de un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas, sino de una actitud definida y clara de procurar el bien de todos y cada uno.
Todos debemos ser responsables también de la felicidad de los demás.
El medio que tenemos a nuestro alcance de educar a nuestra juventud para la solidaridad y el altruismo, tanto en el hogar como en la escuela, es predicar con nuestro ejemplo constante, valorando y reforzando desde la infancia las conductas de hermandad, comprensión, amabilidad, disponibilidad, ayuda a los demás, hospitalidad, perdón, etcétera.
Dejemos de centrar tanto la atención en las calificaciones escolares y mostrémonos felices y entusiastas cuando nuestros pequeños se desprendan de sus juguetes, piensen en cómo borrar la tristeza y la preocupación del rostro de un amigo, o compartan sus libros, cuentos y objetos más queridos con los demás.
En el colegio, fomentemos la ayuda de unos a otros.
Que los que tengan más facilidad para las matemáticas, los idiomas o cualquier otra materia, sean felices contribuyendo a que los compañeros con dificultades de aprendizaje reciban de su parte las explicaciones, las palabras de aliento y el apoyo incondicional y solidario, por fuerte que sea el huracán que arrastra a nuestra juventud al individualismo, la competitividad y el poder.
La complacencia en el bien de los demás, vivida desde la cuna en actitudes de servicio y de generosidad, siempre acaba por cristalizar en consistente y definida actitud solidaria... ¡«valor humano»!
(Tomado de http://www.sectormatematica.cl/orientacion/altruismo.htm)
Al final, baste añadir que para la Fundación Mexicana para Mejorar la Calidad de Vida Rural A. C. el Servicio que prestan a la comunidad nuestros Profesionistas Concesionarios de la Franquicia Solidaria La Incubadora © rebasa con mucho la única posibilidad que define al altruismo donde uno de los actores, "se sacrifica en aras del otro" y lo eleva a la categoría de la co-laboración solidaria que define que "todas las partes involucradas que participan en un mismo proceso, logran recibir beneficios por su actuación en el mismo", alcanzando recíprocamente, resultados que hacen a todos ganadores, bajo la premisa exclusiva, efectiva y realizable del GANAR-GANAR ¡TODOS GANAMOS!
Para la Fundación Mexicana para Mejorar la Calidad de Vida Rural A. C. se resolvió este Dilema, dado que ya el hecho de dar solamente sin recibir nada a cambio, nos condiciona abiertamente y nos condena a la Desigualdad, la Injusticia y la Inequidad que ninguno de nosotros los mexicanos, nos merecemos.
Por esto trabajamos todos los días, intentando hacer lo que hacemos de manera solidaria y tratando de vivir de manera mas justa y mas digna, donde nuestra labor nos permite generar los ingresos que necesitamos para solventar suficientemente, las necesidades de nosotros mismos y de nuestras familias, a cambio de contribuir a que los demás a nuestro derredor y las comunidades existentes en nuestra área de influencia, logren precisamente lo mismo: crear su propia riqueza y generar sus propios ingresos, vía el autoempleo que se logra a través de la creación, la instalación y el funcionamiento exitoso que propiciamos, mediante la formación (capacitación) de microempresarios y la incubación de microempresas autosostenibles, principalmente, en cualquier rincón de nuestro país, donde nos encontremos ejecutando nuestra labor.
"Por un Mejor México para Todos, en el Campo y la Ciudad"